
¡Ey! Antes de nada, ¡una cosa!
No vas a enloquecer.
No estás perdiendo el control.
Sé lo aterrador que puede ser sentir que algo malo va a pasar y no entender por qué.
Pero lo que te está pasando tiene una explicación.
Y cuando empiezas a entenderlo, empieza a dar menos miedo.

Puede que ya no sean solo los síntomas.
También empiezas a dejar de hacer cosas. A evitar lugares. A vivir pendiente de cómo te encuentras. A desconfiar de tu propio cuerpo.
Y, en ocasiones, incluso de tus propios pensamientos.
Poco a poco, tu mundo se va haciendo cada vez más pequeño.
Vivir así es agotador.

Tu cuerpo no se ha vuelto tu enemigo.
El corazón se acelera. Te cuesta respirar. Te mareas. Te tiemblan las piernas. Y cuanto más pendiente estás de esas sensaciones, más miedo te dan.
Pero tu cuerpo no está intentando hacerte daño. Está intentando protegerte.
Imagina que delante de nosotros aparece un Mamut.
Nuestro cuerpo reaccionaría sin pensarlo: el corazón se aceleraría, respiraríamos más rápido y nuestros músculos se prepararían para correr o luchar.
El problema es que no necesitamos tener un Mamut delante para sentir todo eso.
Puede ser un pensamiento, una sensación de nuestro cuerpo, una situación que no hemos sabido gestionar o incluso el miedo a volver a sentir miedo.
El cerebro no sabe distinguir entre lo real y lo imaginario y nuestro cuerpo responde como si el peligro estuviera realmente ahí.

No se trata de dejar de sentir.
Cuando empezamos a comprender por qué nuestro cuerpo reacciona así, muchas de esas sensaciones empiezan a tener otro significado.
Pero entenderlo no siempre es suficiente.
Durante mucho tiempo podemos intentar que esas sensaciones desaparezcan. Evitarlas. Controlarlas. Hacer todo lo posible para que no vuelvan. Y, sin darnos cuenta, nuestra vida empieza a organizarse alrededor de ese miedo.
Entonces, ¿qué necesitamos aprender?
A relacionarnos de otra manera con lo que sentimos y pensamos. A dejar de evitar poco a poco aquello que nos da miedo. Y a recuperar todo lo que hemos ido dejando por el camino.
El objetivo no es no volver a sentir ansiedad, es cambiar la manera en la que nos relacionamos con ella para poder recuperar nuestra libertad.


#SíSoyPsicólogaYtengoAnsiedad
Todo esto que acabas de leer no solo lo conozco como psicóloga.
También sé lo que es sentir miedo de tu propio cuerpo, pensar que algo malo va a pasar o preguntarte por qué te está pasando esto si aparentemente todo está bien.
Porque yo también he estado ahí. Y, a veces, sigo estando.
He estudiado y me he especializado en ansiedad, pero hasta que no me tocó vivirla no supe realmente lo que era.